En Blog anterior, hablamos sobre los niveles alarmantes que han alcanzado las inundaciones en México y cómo debido a estos eventos externos se han reflejado en el incremento en la contratación de seguros, lo que obliga a los stakeholder a prever riesgos estructurales desde el inicio. También mencionamos cómo los estudios geotécnicos y hidrológicos juegan un papel crítico.

La Ciudad de México sigue siendo escenario de lluvias atípicas que, aunque previsibles desde la ciencia climática, han desbordado la capacidad de drenaje y evidenciado fallas estructurales en obras recientes y antiguas. Calles anegadas, hundimientos, socavones, deslaves y daños a infraestructura crítica no solo generan pérdidas materiales y económicas, sino que también cuestionan la planeación y la calidad de las obras civiles en nuestro país.

En este blog, queremos abordar un factor común en muchas de estas fallas es la ausencia o insuficiencia de estudios geotécnicos e hidrológicos que permitan entender la interacción entre el suelo, el agua y las estructuras. Paradójicamente, estos estudios suelen ser los primeros en ser recortados o eliminados en las fases tempranas de planeación de proyectos, bajo la idea de “optimizar recursos” o “agilizar los tiempos de ejecución”.

El valor estratégico de los estudios geotécnicos e hidrológicos

Los estudios geotécnicos permiten conocer las condiciones del subsuelo: su capacidad de carga, los tipos de suelo, su comportamiento ante sismos o saturación hídrica, entre otros factores. Por su parte, los estudios hidrológicos analizan cómo circula el agua en un terreno específico, considerando escurrimientos, infiltración, lluvias extremas, riesgo de inundación y otros elementos relacionados con el ciclo hídrico.

La combinación de ambos estudios permite diseñar soluciones de ingeniería que se adapten al entorno y no lo desafíen. Fundaciones seguras, drenajes eficientes, obras de mitigación y urbanismo resiliente no pueden construirse sobre la base de suposiciones. Sin embargo, en múltiples proyectos públicos e industriales, estos estudios son vistos como un gasto accesorio, cuando en realidad son una inversión que reduce riesgos técnicos, financieros y sociales.

El costo de no saber: casos recientes en CDMX

Las lluvias de julio y agosto de 2025 han dejado escenas alarmantes: pasos a desnivel colapsados, hundimientos en colonias del poniente y norte de la ciudad, deslaves en laderas intervenidas sin criterio técnico y fallas en drenajes pluviales supuestamente nuevos.

Aunque cada caso debe analizarse individualmente, varios reportes técnicos apuntan a la falta de estudios de capacidad de infiltración del suelo, análisis de saturación previa o modelación hidrológica de avenidas pluviales. El resultado es una ciudad vulnerable, con obras que fallan en condiciones climáticas cada vez más extremas.

Presupuestos que castigan la prevención

Uno de los factores que perpetúa esta situación es la visión cortoplacista de muchos tomadores de decisiones en el ámbito público y privado. Al priorizar la ejecución rápida y “visible” de obras sobre su calidad técnica, se recortan los componentes de diagnóstico, modelación y prevención.

Esto se traduce en una falsa economía: se ahorran algunos miles o millones en la etapa de diseño, pero se abren las puertas a fallas catastróficas que pueden costar cientos de millones en reparaciones, demandas o pérdida de vidas humanas.

Cambio climático: un nuevo contexto para la ingeniería

El cambio climático ha hecho obsoletos muchos de los supuestos que guiaban la ingeniería civil hace apenas dos décadas. Eventos extremos, como lluvias torrenciales en lapsos cortos, son cada vez más frecuentes. Esto obliga a reevaluar cómo diseñamos nuestras ciudades, caminos, plantas industriales, rellenos sanitarios y cualquier infraestructura expuesta al medio ambiente.

Los estudios geotécnicos e hidrológicos ya no son un lujo, sino una necesidad para asegurar resiliencia y sostenibilidad. No hacerlos es una negligencia técnica que puede tener consecuencias jurídicas, políticas y reputacionales.

Recomendaciones para revertir esta tendencia
  1. Regulación más estricta y con incentivos: Los gobiernos deben establecer normativas que obliguen a incluir estudios de suelo e hídricos en todo proyecto de infraestructura, con inspecciones aleatorias y sanciones efectivas.
  2. Educación técnica para tomadores de decisiones: Funcionarios, empresarios y directores de proyecto deben entender el valor de estos estudios y su impacto en la rentabilidad y seguridad de una obra.
  3. Incentivos financieros y fiscales: Las instituciones financieras y aseguradoras pueden favorecer proyectos que cuenten con diagnósticos técnicos robustos, premiando la prevención con menores primas o tasas de interés.
  4. Divulgación de casos y lecciones aprendidas: Compartir cásos exitosos y fallos por falta de estudios es clave para generar conciencia colectiva en el ecosistema de la construcción e infraestructura.
Conclusión

No hay proyecto sustentable sin diagnóstico integral. En un contexto de crisis climática y urbanización acelerada, seguir ignorando los estudios geotécnicos e hidrológicos es condenar nuestras obras a un futuro frágil.

La ingeniería responsable empieza por escuchar a la tierra y al agua. Solo así podremos construir una infraestructura resiliente, humana y preparada para el futuro que ya comenzó.

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